
Carlos Barraca en la puerta de su peluquería. (Foto Pedro Agón)
Carlos Barraca Salas, es el emblemático expeluquero de la calle Lanuza, tercero y último de la popular saga familiar, tras toda su vida practicar esta actividad. Destacó por su trabajo profesional bien hecho, ya que sus inquietudes le llevaron siempre a la superación, adquiriendo constantemente los conocimientos más vanguardistas del momento. Por otra parte, es una persona cargada de valores humanos y de entrega a los demás, por cuyos motivos lo acercamos a este apartado de personajes populares, precisamente cuando cumple el primer lustro que cerró el conocidísimo establecimiento por su jubilación.
¿Cuándo comienza la tradición de la familia Barraca como peluqueros?
En el siglo XIX. Mi abuelo paterno Carlos Barraca Lanuza era en Riglos practicante, cirujano de pequeña cirugía y barbero. Mi padre Carlos Barraca Artieda, huérfano desde los dieciocho meses, cogió su testigo y tras un aprendizaje en la peluquería de D. Valentín Valeta Alcalde, que estaba situada junto al Teatro Olimpia, se estableció en la calle Lanuza el año 1936. Yo, Carlos Barraca Salas, estuve al lado de mi padre desde siempre y él conmigo incluso tras jubilarse, ya que todos los días nos visitaba y acompañaba.
¿De quién aprendiste el oficio?
Lo más importante del oficio, la relación con las personas, su humanismo, lo aprendí de mi padre que era una persona de gran bondad y entregada a sus clientes. Sus trabajos a domicilio para servir a enfermos no lo olvido, ni se olvida. No en vano y pasados diecinueve años desde su fallecimiento, “el señor Carlos”, es recordado con gran afecto y con gran respeto.

¿Adquiriste, además, enseñanza en algún centro especializado?
En aquellos años todos teníamos una economía muy limitada por lo que no cabían viajes o cursos. El Campeonato del Mundo de Peluquería celebrado en Barcelona el año 1970, y en un momento en que Huesca se desarrollaba a una velocidad enorme (metal, construcción, comercio), fue un momento de inflexión para mí en los horizontes de mi oficio. Ver en ese campeonato a los mejores peluqueros del mundo cambio mi vida como peluquero. Allí establecí también relación con empresas francesas de la Bioquímica Capilar (La Biochimie Esthetique) y posteriormente con La Bioesthetique de Marcel Contier, pioneras en los tratamientos capilares.
Barraca sentado en su primitivo sillón y espejo de trabajo. (Foto Pedro Agón)
¿También estuviste en Francia?
Si. Viajé a Paris y allí fui testigo de grandes momentos de la peluquería, como los Festivales Mundiales en el Palais de Chailot, frente a la Torre Eiffel. Ya a partir de los años ochenta y noventa, Barcelona y Madrid eran mis destinos regulares para participar en cursos, sobre todo los relacionados con los avances en la Microscopía Capilar.
¿Cuántos años has dedicado a esta profesión?
Creo que he sido peluquero desde que nací. La peluquería ha sido parte inherente de la vida de mi familia y de la mía: no puedo indicar un momento inicial. La peluquería de mi padre estaba, está, situada en el número 19 (ahora 21) de la calle Lanuza. Los cuatro hermanos, Conchita, Paco, Loly (fallecida hace cinco años) y yo, nacimos en la calle Lanuza y en la misma acera de la peluquería; en el número 33, 2º dcha. de la casa del señor Simón Secorún.
¿Siempre estuvo ubicada la peluquería en la calle Lanuza?
Si, siempre en el mismo lugar, aunque estuvo un pequeño tiempo cerrada al comienzo de la Guerra Civil. Dada la edad de mi padre le obligaba a incorporarse al ejército. Más porque su salud era en ese momento delicada fue excluido, reabriendo el establecimiento y trabajando durante toda la guerra, incluso los domingos.
¿Cómo ha evolucionada esta profesión a través de los tiempos?
La peluquería ha estado presente como pocas profesiones en los momentos de esplendor o de crisis social. Siempre y en todos los lugares se han expresado con el peinado revoluciones o transformaciones sociales. Las pelucas o las formas de las barbas indicaron, en su momento el puesto relevante que se ocupaba tanto en la sociedad como en la Iglesia. A reseñar la unión de los peluqueros franceses a la Revolución Francesa y el uso de los colores de la bandera francesa revolucionaria (la escarapela tricolor de Lafayet), rojo, azul y blanco en el exterior de sus locales, mostrando así su simpatía y su adhesión al movimiento revolucionario francés de 1789. Hoy aún se identifican peluquerías en todo el mundo con esos colores.
¿Cuándo se introdujo el corte de pelo con navaja?
La modernidad de los años sesenta dinamizó de manera insospechada la peluquería masculina. “La Coupe Hardy” francesa, corte de pelo con navaja, se fue imponiendo como moda revolucionaría y condujo a la peluquería hacía una nueva era. El movimiento Hyppy, Los Beatles, Jon Trabolta, Elvis Presley u otros, revolucionaron y expresaron en el peinado comportamientos que rompieron los moldes estéticos y los comportamientos personales… Hoy también se expresan en el peinado las mentalidades conservadoras o las de quienes están disconformes.
¿Y la evolución del material o herramientas?
Es de justicia hacer un homenaje a los antiguos peluqueros, barberos. Conseguían sin medios trabajos que ahora no se hacen. Imposible la comparación. Es como pasar casi de la edad de hierro a la modernidad en muy pocos años. La incorporación a las aleaciones de nuevos metales o minerales en la fabricación de las herramientas, iniciada hace más de cuarenta años por alemanes, japoneses, franceses, italianos y también por españoles, han conseguido un gran descanso y una gran perfección en el trabajo del profesional. Recuerdo el ruido de aquellas tijeras de mal acero cuando empecé y el suave silencio de las actuales.
¿Cuál es la definición correcta: peluquero o barbero?
Ya no hacemos pelucas, pero para mí peluquero, aunque se emplean otras denominaciones. En los siglos precedentes, S. XVI en adelante eran profesiones hermanas. Existen muchos documentos que lo atestiguan. La navaja de barbero era a su vez instrusismo o contra los pícaros examinando y dando fe o titulación para ejercer esos oficios y defender sus intereses profesionales. Barberos, cirujanos, peluqueros, flebotomianos (sangradores) y veterinarios, o bañadores, se congregaban bajo el patronazgo de los Santos Mártires Cosme y Damián.
¿Antiguamente, no sonaba más la última?
La vida profesional de barberos, peluqueros, cirujanos de pequeña cirugía, ha pasado por muchos vericuetos gremiales dignos de ser conocidos. En la posguerra y mucho antes era más frecuente el afeitado que el corte de pelo, dado que no se tenían herramientas en los domicilios para afeitarse. Por ello se les llamaba más barberos. Los barberos iban a los pueblos o a las pardinas los domingos, donde había siempre muchos pastores o labradores a quienes afeitar o cortar el pelo. En mi casa, mi padre, en ese momento, hacía más del doble de afeitados que cortes de pelo. Al empezar a usarse las hojas de afeitar en los domicilios y al aparecer las maquinillas eléctricas de afeitar, desaparecieron en nuestro país y en el mundo miles y miles de barberías, hasta el extremo de desaparecer ese oficio de barbero como tal. Carlos junto a la maquinaria del laboratorio. (Foto Pedro Agón)

¿Si volvieras a nacer, serías también peluquero?
Sí. Lo sería y además en el mismo local. No puedo entender mi vida personal o profesional sin ese oficio y sin ese lugar.
Por la ubicación de tu establecimiento en la calle más popular del barrio, supongo que aún recordarás aquellos mercadillos semanales de venta de tocinos.
Exceptuando los primeros lunes de cada mes en los que se hacía en la plaza de Santa Clara, los demás lunes el mercadillo de la venta de cerdos se realizaba en la Plaza del Justicia, conocida por ello como “Plaza de los Tocinos”.
Y también a gentes populares que pasaron por tu peluquería. ¿Recuerdas alguno de ellos?
Siempre intentamos tratar por igual a todas las personas, pues lo más importante de un ser humano es su dignidad, no su situación económica o el puesto de preeminencia que ocupe en la sociedad. Por ello no quisiera distinguir a nadie, ya que a todos los clientes, hemos agradecido, apreciado y querido.
¿Es cierto que siempre se ha dicho que un barbero o peluquero, aunque no quiera, oye y se entera de muchos “chismes”?
Este establecimiento era lugar de reunión y lugar de larga estancia. Al reunirse las personas se habla. Pero todo tiene un límite que debe marcar y dirigir el profesional, de tal manera que no se pueda ofender a nadie presente o ausente. Una cosa es el coloquio y otra muy distinta la conversación obscena, grosera o mal intencionada.
Pero en tu caso hacías valer unas reglas.
En el siglo XVII, Benjamín Kingsbury, el barbero privado del Rey Jorge de Inglaterra e Irlanda escribe unas “indicaciones amistosas” a sus colegas barberos… “exijo del barbero que sepa todas las novedades de la ciudad pues es agradable para el cliente enterarse… pero hay unas reglas de oro recomendables; ante todo no contar nada que no sea verdad, no nombrar la fuente origen de la noticia… y aquellos rumores que puedan perjudicar el buen nombre… es mejor guardarlos para si mismo”. Para mi hoy no se puede decir mejor que Kingsbury.
Cuándo empezaste el oficio, ¿cuánto valía un corte de pelo y al llegar a tu jubilación, que importaba?
Guardo tarifas. En el año 1963 un corte de pelo a navaja valía treinta pesetas (0’18 €). Cuando nos jubilamos, en el año 2007, cobraba 16’90 €.
¿Qué te supuso jubilarte y cerrar el establecimiento?
No se expresarlo. Una mezcla de alegrías, de añoranzas, de agradecimientos por tantas cosas de recuerdos infinitos, de esfuerzos, de relaciones con las personas, de confidencias, de ayudas recíprocas, de conocimiento del desarrollo o la decadencia de mi ciudad, de escuchas de penas y de alegrías… La peluquería se cerró pero la amistad continuó, continúa.
¿Recuerdas el día que cerraste definitivamente y al cliente que atendiste?

Lo recuerdo perfectamente, imposible olvidarlo pues mi esposa Merche y yo cerramos la peluquería el mismo día en que la abrió mi padre setenta y un años después. El la abrió el once de marzo de mil novecientos treinta y seis, y nosotros, en su memoria, la cerramos el once de marzo de dos mil siete. En cuanto al último cliente que atendimos, se llama Pablo M. R.
Pero la peluquería, los sillones y demás elementos allí están ¿Lo dejas todo como museo?
Si, allí están: para mí es como una estancia más de mi casa. En bastantes ocasiones nos la han querido alquilar bien para peluquería, bien para otros negocios, pero no puedo desprenderme de ella, es parte de mi vida. En su sentido más sencillo o familiar he recopilado las herramientas de mi familia, las que me han donado compañeros o las que adquirí.
El artífice muestra el sillón antiguo y el actual. (Foto Pedro Agón)
También has ocupado algún cargo de la Agrupación de Peluqueros.
Si. Desde el año 1995 hasta nuestra jubilación tenía la responsabilidad de la secretaría y de la tesorería.
¿Naciste en el Barrio de Santo Domingo y San Martín?
Por supuesto. El día 19 de octubre de 1941 en la Parroquia de Santo Domingo fui bautizado por Mosén Demetrio Segura, allí fui confirmado por el Obispo Lino Rodrigo y en la misma iglesia me casé en el año 1976.
Has vivido muchos comienzos de fiestas al estar tantos años en frente donde se enciende el cohete anunciador.
No sé porqué los chavales a la salida del colegio, se concentraban en ese espacio entre nuestro local y la Tintorería de Polo. Los cabezudos los encorrían y ellos, a veces, se refugiaban en nuestra peluquería. Como en aquellos tiempos teníamos allí un botijo, los chavales sedientos por las correrías con los cabezudos entraban a beber agua haciendo cola. Algunos de los componentes de la comisión de fiestas, que entonces eran unos niños, se acordarán.
Recordamos que en una edición leíste el pregón festivo. ¿En qué consistió el tema?
En otoño de 2006, Lorenzo Polo hijo, me trasladó la invitación de la Comisión de Fiestas, para hacer el pregón de ese año en el Centro Cultural del Matadero. Lo desarrollé sobre “Martín, San Martín y su signo y su símbolo de partir, dar su capa para abrigar y dar calor a un necesitado”. Quise expresar mi convicción de que todos antes y ahora somos necesitados, todos necesitamos de una capa calurosa, la cercanía de las personas, la amistad, el acompañamiento. Resaltaba también lo necesario que es recordar y
reconocer que, “partirse” repartirse, compartir la dureza de la vida es lo que han hecho muchas personas del barrio, sobre todo las mujeres, a lo largo de tantos años.
Además de esto, ¿has colaborado de alguna otra manera con el barrio?
Siempre apoyamos en mi casa a la Comisión de Fiestas y, en su momento apoyamos también la creación de la Asociación de Vecinos Juan de Lanuza por la iniciativa de Julio Brioso y Mairal, de la que sigo siendo socio.
¿Qué es lo que más te gusta de este colectivo urbano?
La calle Lanuza es mi calle querida. Estar en la calle Lanuza, pasearla, hablar con personas tan conocidas y queridas, es un regalo para mí. En ningún lugar de la ciudad siento lo mismo; todo se puede entender dado que o he nacido en ella o he estado trabajando allí.
¿Cúal es tu afición predilecta?
Leo, estudio cursos on-line de temas de mi interés, me reúno… Mi familia, mis nietos Daniel y Carla son lo primero. Tengo también grandes preocupaciones: Los pobres y la pobreza que avanza en el mundo y en mi ciudad me acongojan y me llaman a comprometerme para ayudar e impulsar.
También, desde siempre, has estado dedicado a actividades altruistas…
Hacer lo que se debe hacer no es un mérito del cual jactarse, sino una obligación moral, ética para cualquiera. Aprendí, vi lo que hacían mis padres, su sensibilidad por las personas en situación de debilidad económica o física; Si he hecho o hago algo que se ve como bueno, no es sino lo que se debe hacer y siempre es poco, muy poco.
Y estás comprometido en tu Parroquia del Perpetuo Socorro.
Como dije fui bautizado en la Parroquia de Santo Domingo y ello supone para mí, con mis contradicciones que asumo, una manera de vivir, una manera especial de ver la vida propia y de contemplar la vida de los demás. Esa fé incluye celebrarla, agradecerla, expresarla y hacerla evidente con una vida comprometida al servicio sobre todo de los más pobres. Siempre de forma anónima, gratuita y sin buscar triunfos, réditos u honores personales a costa de las debilidades del prójimo. Elegí vivir en el barrio del Perpetuo Socorro, por ello me he comprometido con él, así como con la misión y con el compromiso de esta parroquia con las personas.
¿Se trabaja suficientemente para radicar la pobreza?
Ya lo creo. Soy testigo de las innumerables horas de trabajo que se han hecho en Huesca, para situar a nuestras generaciones en mejores condiciones que la generación de nuestros padres. Además de señalar a quienes han producido o conseguido esta tragedia, banqueros y políticos, deseo unirme a quienes la sufren y sufrimos. Nos queda unirnos para empujar la esperanza. Estas fiestas de San Martín 2012, estos días en los que estamos viviendo la renovación de una fiesta que resucita cada año, deseo de todo corazón que sean un signo de que nos espera la alegría al final de tantas penurias. Recordemos animándonos, como nuestros antepasados sobrevivieron a epidemias, a hambres o a grandes necesidades y privaciones.
Pon el punto final.
Para terminar, además de reiterar nuestra gratitud familiar a todos por la amistad de tantos años no puedo pasar este momento de crisis social, crisis económica, crisis de esperanza en el presente y en el futuro, ignorando las angustias de tantas familias del Barrio y de la Ciudad que están agobiadas y sin aparente futuro.
- Pedro Agón Tornil -

Panorámica actual del establecimiento-museo de Carlos Barraca. (Foto Pedro Agón)
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